viernes, 9 de abril de 2010

El tesoro de El Estero. Jorge Suárez Viteri. Elizabeth y Marlene Moscoso. Isla Isabela - Galápagos

El “tesoro” de El Estero de Isabela


Fotos y texto: Ana Mireya Guerrero1


Don Jorge Suárez Viteri relata que cuando él era muchacho, en la isla Isabela vivía un Sr. de apellido Irene, originario de Chanduy, provincia de Santa Elena, el cual decía contar con más de 100 años de edad y haber sido piloto de la embarcación del Capitán Lewis2, “pirata que se asentó en San Cristóbal” y, además refería de un botín enterrado en El Estero de Isabela, en donde dos palmas erguidas de unos 30 metros de altura, que actualmente no existen, eran las señales del sitio del tesoro.


Jorge Suárez Viteri

Foto: Ana Mireya Guerrero G.


Cargadas con linternas, palas, cuerdas y detectores de metales llamados varillas “San Cipriano”, algunas personas de Isabela, incluyendo el padre de Don Jorge, iban por las noches a los alrededores de El Estero para explorar el lugar; todos cavaban en las cercanías de las palmas, pero nadie daba con el punto exacto.


A inicios de la década del 70, llegó a la Isla un joven suizo llamado Daniel, quien contrató a un muchacho local para que lo lleve a un “sitio donde hay unas palmas”, el chico le había llevado al Cocal (ubicado en las proximidades del actual Centro de Crianza de Tortugas Gigantes), pero Daniel haciendo un dibujo en un papel, le indicó que él quería ir a unas palmas que están a orillas del mar, entonces fueron a El Estero. Al poco tiempo Daniel “se hizo dueño” de El Estero y por otro lado también entabló una buena amistad con Don Jorge.



El Estero (Isla Isabela - Galápagos)

Foto: Ana Mireya Guerrero G.


Después arribaron a Isabela el hermano de Daniel y una chica y luego dos extranjeros más, juntos hicieron una caseta y una pequeña huerta en El Estero, donde sembraban papaya, sandía, melones, etc. Cierto día Don Jorge decidió ir a visitar a Daniel, y al no encontrarlo, resolvió buscarlo en los alrededores y, su sorpresa fue descubrir a unos 30 o 40 metros de las palmas, un árbol de palo prieto enorme, virado de raíz, mientras Daniel y los otros suizos se encontraban cavando. A lo que Don Jorge pregunta “¿Qué estás haciendo aquí Daniel? Y él responde: “construyendo un pozo de agua para regar los sembríos” y trató de “deshacerse” de Don Jorge rápidamente.


Jorge Suárez de regreso a su casa iba pensando… “ponerse a sacar de raíz un árbol inmenso para hacer un pozo de agua, pudiendo caminar unos metros y obtener el líquido de la vertiente… esto está medio raro”. La cosa es que a los 10 días de este suceso, “los gringos” como les decían a los suizos en el pueblo, salieron cargando en un burro un cajón… “no le voy a decir que era el cajón del tesoro”, agrega Don Jorge, “pero el pobre burro iba que se torcía”. En el muelle se embarcaron y se marcharon. A los pocos días de esto, una tarde, arribó un yate a Isabela que se ancló frente a El Estero, permaneció allí, mientras se escuchaba el ir y venir de un bote a motor, desde el yate al Estero y viceversa, “seguramente a llevar el resto del tesoro”.


En ese entonces las niñas, Marlene y Elizabeth Moscoso, ahora señoras, también reviven episodios de este hecho. “Para nosotras los gringos eran locos, eso de andar en pura piedra y todo lo demás… nos parecía una locura”. Recuerdan también la presencia del yate, primero a nivel de El Faro y luego en El Estero. Como prácticamente no anclaban botes en dichos lugares esto constituía una novedad para todo el pueblo.



Elizabeth y Marlene Moscoso

Foto: Ana Mireya Guerrero G.


En la noche mientras todos descansaban, de repente se escuchó un ¡boom!, con varias réplicas. “Imagínese en ese silencio escuchar semejante ruido, como que dinamitaron, y del susto quién iba a ir a ver lo qué ocurría si todo era obscuro, ahora al menos hay 24 horas de luz”, señala Elizabeth Moscoso. A la mañana siguiente el yate ya no estaba. La gente fue a El Estero al medio día y se encontraron ahí con “un hueco cuadradito bonito, rodeado de piedras”.


Don Jorge en tanto indica que todo estaba destruido y que el orificio era “un hueco a manera de cámara, acomodada con piedras plancha”. Piensa que los suizos tenían un mapa y que las palmeras eran solo la referencia para llegar al “botín”, sin embargo la gente que vivía en Isabela y que buscaba el “tesoro” nunca dio con el sitio exacto, ya que todos escavaban a pocos metros alrededor de las palmas. A ciencia cierta nadie sabe qué fue lo que tomaron de El Estero, pues como manifiesta Marlene Moscoso “lo del hueco fue cierto… pero lo del tesoro quién sabe”.


1 Investigación auspiciada por el Ministerio de Cultura del Ecuador.


2Al parecer se refiere al Capitán Thomas Lewick (1842-1925). La tradición oral modificó Lewick a Lewis.


Publicado en el Periódico Quincenal El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la Primera edición de agosto del 2008. Pág. 6.










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