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domingo, 12 de febrero de 2012

Rogelio Reyna un gallero de Galápagos. Relatos contados de Galápagos. Pr...




Relatos contados de Galápagos. Producciones Radiales

Producción Radial 2. Rogelio Reyna, un gallero de Galápagos. (Investigación auspiciada por el Ministerio de Cultura del Ecuador).

En el año 2009 se realizaron 3 producciones radiales, sobre pequeñas historias ocurridas en Galápagos. Las mismas se basan en artículos de Ana Mireya Guerrero, publicados en el periódico quincenal El Colono, la adaptación la llevó a cabo Lenyn Betancourt, con la voz de Aníbal Conde y la producción de "Conde Productions".

Las tres historias fueron transmitidas en todas las radiodifusoras de las Islas.

Gallera "Los Giros". Barrio Pampas Coloradas - Isla Santa Cruz - Galápagos. En esta gallera de piedra, se realizaban las peleas de gallos, antes de la construcción de la nueva gallera "Santa Cruz".

Foto: Ana Mireya Guerrero G. 2006.

Gallo de pelea.

Foto: Ana Mireya Guerrero G. 2006.

Gallera "Los Giros", desde otro ángulo. Barrio Pampas Coloradas - Isla Santa Cruz - Galápagos. En esta gallera de piedra, se realizaban las peleas de gallos, antes de la construcción de la nueva gallera "Santa Cruz".

Foto: Ana Mireya Guerrero G. 2006.

viernes, 21 de mayo de 2010

Rogelio Reyna. Isla Santa Cruz - Galápagos

Rogelio Reyna, un gallero de Galápagos

Fotos y texto: Ana Mireya Guerrero G.*

Rogelio Reyna oriundo de Guayaquil, tiene gran afición por las peleas de gallos, cuenta que cuando arribó a Galápagos, hace aproximadamente 25 años, ya habían competencias en Santa Cruz; los galleros reconocidos de aquella época eran miembros de las familias Valle, Espín y Escobar entre otras, actualmente algunos descendientes de dichas familias continúan con la afición por los gallos.

Rogelio Reyna
Foto: Ana Mireya Guerrero G.


Las peleas se realizaban en diversos espacios cedidos por los propios galleros, y a veces a la intemperie, en la calle. Estuvieron de sitio en sitio pues no contaban con un local adecuado, hasta que Rogelio Reyna construyó junto a su vivienda ubicada en el barrio Pampas Coloradas, una pequeña gallera con gradas de piedra, “allí nos acomodábamos hasta 100 personas, bien apretaditas”, comenta. Esta gallera denominada Los Giros, funcionó por 6 años. Actualmente se juega a los gallos en la Gallera Santa Cruz, la cual se edificó a pocas cuadras de la antigua gallera, en un terreno concedido por el Gobierno Municipal de la Isla, en un área un tanto aislada del centro poblado.

Todos los sábados en la noche la Gallera Santa Cruz se alista para recibir a familias, hombres y mujeres aficionados a los gallos, poco a poco se va llenando el graderío; mientras, a un lado los animales que van a competir son pesados y cotejados, además se les coloca las espuelas de hueso de pescado, las mismas que se adquieren en la parte continental a un costo de por lo menos ochenta dólares el par. Una vez que están bien colocadas las espuelas, soplan alcohol a los animales para que tengan mayor agilidad en el ruedo. Empiezan las apuestas, la base es de ochenta dólares, se puede apostar individual o grupalmente. El gallo pierde cuando se produce la “caída del pico” al suelo, por dos ocasiones.

Espuela
Foto: Ana Mireya Guerrero G.



Cada 3 meses hay un concurso en donde se junta dinero de las inscripciones, en estos concursos el gallo que gana la pelea es el que imposibilita de pelear al contendiente dentro de 30 segundos; hay veces que las peleas quedan en tablas o sea empates y el dinero se acumula. Don Reyna indica que en una ocasión se acumularon 1500 dólares y cuando se hizo la final hubo 22 peleas, desde las 4 de la tarde hasta las 6 de la mañana del día siguiente.

Mantener un gallo de pelea es bastante costoso, hay que desparasitarlos, darles vitaminas del Complejo B o Neurobión, hay que proporcionarles una dieta adecuada, por ejemplo Rogelio Reyna alimenta a sus gallos un día con maíz, otro día con carne molida y maíz machucado o remojado con leche; en las tardes les da tomate y papaya picados, para que les ayude a digerir el maíz. El entrenamiento es algo importante, ejercitan a los gallos para que saquen músculo y así puedan resistir en el ruedo. Un gallo de pelea por lo menos tiene un valor de 100 dólares y después de una pelea, puede ascender a U$150 o más.

Al preguntarle a Don Reyna si se ha encariñado con algún gallo, señaló que no, pues una vez un gallero le comentó “nunca te cases con los gallos”, haciendo referencia a que es mejor considerar a todos los gallos por igual, para que, en caso de que se produzca la perdida de la pelea o la muerte del ave, la decepción y pena no sean muy grandes.

Para Rogelio Reyna la pela de gallos es un deporte, y jamás deja de asistir a la Gallera, ya que a más de ser el Juez, tiene advertida a su familia que para cualquier evento cuenten con él de lunes a viernes y el domingo, puesto que el sábado está dedicado solo para los gallos.

Gallo de pelea
Foto: Ana Mireya Guerrero G.

La Asociación de Galleros de Santa Cruz está constituida por 25 socios, pero son cerca de 50 los galleros que poseen criaderos de aves. Reyna indicó que ellos respetan la disposición de no ingresar a la Isla gallos de pelea provenientes del continente, pues estos podrían traer enfermedades y sería muy lamentable que de repente sus aves sanas sean contagiadas de alguna dolencia, “¡ahí sí, se nos terminaría nuestra afición!”, agregó.

*Investigación auspiciada por el Ministerio de Cultura del Ecuador.

Publicado en el Periódico Quincenal El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la Segunda edición de julio del 2008. Pág. 10.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Segundo Ruiz Zúñiga. Galápagos - Isla Santa Cruz

Un escultor de madera en la isla Santa Cruz


Texto y fotos por: Ana Mireya Guerrero G.*


Segundo Ruiz Zúñiga en su taller de Pto. Ayora

Foto: Ana Mireya Guerrero G.


Segundo Ruiz Zúñiga es un gran escultor azuayo que vive en Galápagos desde inicios de la década del 90. En ese entonces la mayor parte de sus coterráneos emigraban para Estados Unidos con el fin de encontrar mejores días para ellos y los suyos; “era como la fiebre, se fue mi familia, se iban todos… yo me quedaba ya solo” agrega. Un amigo suyo que había estado en el Archipiélago hace algún tiempo, le comentó que con la pesca de pepino en las Islas se consiguen buenos ingresos y le insistió en que fueran para allá, que en todo caso si no le iba bien con esta actividad, podía trabajar en la joyería que era a lo que Segundo Ruiz se dedicaba en ese entonces, y le aseguró que como había gran cantidad de turistas, él podría vender sin problema alguno, las alhajas que elaboraba. Con estos antecedentes decidió viajar a Galápagos, abandonando con tristeza su lugar natal pues dejaba a su esposa y a dos hijos pequeños.


Segundo Ruiz arribó a la isla Isabela, y quedó encantado con la tranquilidad del lugar, pero al mismo tiempo se dio cuenta que “le trajeron engañado” ya que la venta de joyas resultaba imposible pues en ese tiempo Isabela no era el lugar turístico que es ahora. Antes que a la pesca de pepino, se dedicó a tareas agrícolas en las fincas de la parte alta. Adicionalmente junto con un amigo, en el trayecto a las fincas, colectaban troncos que eran utilizados para hacer diversos muebles para sus viviendas: bancos, camas, mesas, etc., poniendo en práctica la afición que tenía desde muchacho: el tallar y elaborar pequeños objetos de madera. Posteriormente, Segundo Ruiz laboró en construcción, en El Cuerpo de Ingenieros y por este trabajo tuvo que trasladarse a la isla Santa Cruz.


Es así como después de dos años y medio de vivir y hacer grandes amigos en Isabela, se estableció en Santa Cruz junto a su esposa e hijos, que habían arribado de la parte continental. Segundo Ruiz señala: “aquí en Santa Cruz conocí un poco de locos que como yo elaboraban objetos de madera”, entre ellos nombra a John Garzón, Galo Robalino y al profesor Palacios. Ellos fueron una gran influencia para él. Poco a poco fue perfeccionándose en el arte del tallado, hasta que se instaló un pequeño taller. Sin embargo, revela que al principio los objetos no le salían tan bien, pues aún no asimilaba la parte de la simetría y forma, por tal motivo se dedicó a observar con mucho cuidado los movimientos de los animales que iba a esculpir.


En su taller y en su local se pueden encontrar esculturas de todos los tamaños y motivos: tortugas, peces, pelícanos, pinzones, lobos marinos, cactus, fragatas y otros, también realiza adornos diversos: sombreros, manos, cuerpos, etc. u objetos utilitarios combinados con motivos galapagueños, por ejemplo pequeños libreros, mesas y aparadores. El material que utiliza para sus obras son maderas de cedrela, nogal y cascarilla, es decir emplea especies que no son nativas de las Islas. Explicó que en las fincas talan los troncos y obtienen los tablones para la comercialización, mientras que la cepa, es decir la parte del tronco del árbol que está dentro de la tierra, unida a las raíces, no es utilizada por los finqueros, pero es de gran interés para Segundo Ruiz, pues con ella elabora sus obras. Una vez que las cepas son adquiridas se procede a secarlas por un período largo, luego viene la fase del desbaste, es decir con un mazo y un cincel se da al trozo de madera la forma aproximada del objeto que se quiere producir, posteriormente se cura la madera que viene a ser otra etapa de secado, luego se talla en base a diseños solicitados por los compradores o a diseños provenientes de la imaginación del autor, para esta fase se utilizan varias herramientas de diversos tamaños como son las gubias, formones y tricantones y, finalmente se pule el objeto con aceite de teca o con laca según el gusto del cliente.


La escultura más grande que ha realizado es de 2 metros y señaló que pueden hacerse objetos de cualquier dimensión, pero es importante considerar el tamaño permitido para su transporte por avión que es de aproximadamente 1,70 m. Sus esculturas han sido adquiridas por turistas de diversos países por lo que se encuentran distribuidas en distintas partes del mundo. A un inicio no colocaba firma en las obras, sin embargo, amigos o familiares que han viajado al extranjero al ver las esculturas en diversas viviendas, han reconocido inmediatamente que se trata de obras elaboradas por Segundo Ruiz y rápidamente colocan su nombre.


Segundo Ruiz es un escultor muy reconoció a niveles local, nacional e internacional, sus trabajos están exhibidos en diversas galerías de las Islas y del Ecuador Continental y además ha realizado varias exposiciones en Galápagos, Quito, Cuenca, Guayaquil y Estados Unidos y considera que a través de su obra está contribuyendo a difundir aspectos propios y distintivos de las Islas Encantadas.


Tortuga tallada por Segundo Ruiz Zúñiga

Foto: Ana Mireya Guerrero G.


* Investigación auspiciada por el Ministerio de Cultura del Ecuador.


Ángel Mauricio Andagana, Miguicho. Galápagos - Isla Santa Cruz

Ángel Mauricio, “Miguicho”, canta la historia humana de Galápagos

Por: Ana Mireya Guerrero G.

Voy a contarles sobre nuestro querido cantautor galapagueño, estoy hablando de Ángel Mauricio Andagana, conocido en el mundo artístico como Ángel Mauricio y por la población como “Miguicho”, y, últimamente también llamado “Mochilero”, debido al gran éxito con su canción “Mochilera”.

Ángel Mauricio nació hace 28 años en San Cristóbal, pero desde muy niño se radicó en Santa Cruz. A temprana edad ya se sentía atraído por las actividades artísticas: la poesía, la pintura, la música, el canto, etc. Sin embargo recuerda que era un niño muy introvertido, de tal forma que cuando empezó a recibir clases de guitarra no se atrevía a decirle a su maestro que era zurdo, es por eso que aprendió a tocar dicho instrumento con la mano derecha. También se esforzó mucho en el canto, pues el hecho de ser tímido influía en cierta forma en el tono apagado de su voz. La constancia que mantuvo en estas actividades le ha permitido sobresalir no solo con la guitarra sino con otros instrumentos musicales y, además todos hemos escuchado su potente voz tanto en su programa radial como en sus presentaciones, por lo que se ha ganado el sobrenombre por parte del “Viejo Napo” de “La Voz”.

A inicios de la década del 90 junto con un grupo de amigos fundan el Grupo Alborada, que se mantiene hasta la actualidad. Recuerda que en ese tiempo la música que hacían era folklore, pues dicho género era de interés para los turistas, pero Ángel Mauricio, siempre tuvo la idea de que Galápagos no era eso y desde entonces ha incursionado en otros géneros musicales como el bolero, el son cubano, etc. Ángel Mauricio recalca que no pretende descubrir una identidad musical de Galápagos, simplemente realiza un aporte a este proceso a través de sus canciones, dejando plasmadas las vivencias de la gente en las Islas.

Un claro ejemplo de esto es su canción “Mochilera”, creada y cantada en el 2004, cuyo vídeo fue producido en abril del 2006 por Marco Cardona. Dicha producción fue posible por esfuerzo propio, con la ayuda y colaboración de varios amigos. Ángel Mauricio señala que a través de este vídeo, así como de todas sus canciones, quiere homenajear a la gente que vive en las Encantadas, y agrega “quiero dejar un recuerdo a Galápagos, como joven de la comunidad a la que pertenezco. Los habitantes que salen en el vídeo, pescadores, guías, están muy emocionados de formar parte de esta producción y muchos me dicen “oye… hablas la verdad en esa canción””.

Además tenemos su creación titulada “Chévere Bacán”, dedicada a un albañil de Santa Cruz, que ya tiene muchos años y que continúa en su labor: “… Chévere Bacán soy yo / eso lo gané / con un fuerte sol / en la construcción…”. También está su inspiración “El son del naufrago pescador”: “… el pescador de Pto. Ayora zarpó / tres meses sobrevivió / por cosas del destino / a Costa Rica llegó…”. Otros ejemplos son: “El Muro de las Lágrimas”: “… Padre bendito, que dura fue / la vida de los penados / con látigo y fuerte sol / así eran castigados…”. “Soneritos de Pto. Ayora”: “… La gente esperó en el muelle a los soneros / y hubo fiesta, bochinche y algo más / Lautaro, Don Llore y el Negro Colón Camara / dijeron / dónde se encuentra Don Nico que no está… “

Y bueno, yo no quise quedarme con la duda del porqué de su sobrenombre, “Miguicho”. Me explicó que lo heredó de su padre, Miguel Ángel. A don Miguel desde muy niño todos lo conocen en las Islas como “Miguicho”. Resulta que un día Ángel Mauricio arribó por primera vez a Isabela, estaba colaborando con otros disc-jockeys a animar una de las festividades de la Isla y claro sus compañeros le llamaban diciéndole “Miguicho” y los isabeleños al escuchar este sobrenombre, le dicen “oye, ¿cuál Miguicho eres tú?” y él contesta “yo soy el hijo del pescador”. Este hecho se regó por todo el pueblo y obviamente al otro día varios pescadores de la localidad invitaban a Ángel Mauricio a sus viviendas y a conocer los lindos lugares de Isabela diciéndole “Miguicho venga… Ud. ha sido hijo de Miguicho”. Situaciones similares le han ocurrido también en Floreana, en Cristóbal, es por eso que Ángel Mauricio, siempre coloca después de su nombre artístico, su “otro” nombre: “Miguicho”, pues no quiere que se pierda ese gesto tan bonito de la gente hacia su padre y también hacia él.

Ángel Mauricio finaliza esta entrevista señalando la importancia de que las instituciones públicas, los medios de comunicación y la empresa privada, apoyen abierta y directamente las actividades culturales en las Islas, para ver en un futuro un Galápagos con una fuerza cultural positiva, que favorezca a los habitantes en su desarrollo y que pueda ser difundida al mundo.


Ángel Mauricio, Miguichu, en Pelikan Bay
Foto: Ana Mireya Guerrero

Publicado en el Periódico Quincenal El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la Segunda edición de noviembre del 2006. Pág. 05.