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domingo, 25 de julio de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
Jorge Suárez Viteri. La Conscripción y las gallinas de la Capitanía. Galápagos - Isla Isabela
La Conscripción y las gallinas de la Capitanía.
Fotos y texto: Ana Mireya Guerrero G.
.
Estimados lectores como recordarán en la edición anterior relaté algunos detalles de la vida en Galápagos del Sr. Jorge Suárez Viteri, a continuación pongo a su disposición una de sus vivencias.
Don Jorge realizó la conscripción en la Isla Isabela en el año 1963, recuerda que los primeros meses tuvo que esforzarse y “sufrir un poco”, pero salió adelante, pues desde pequeño aprendió a sobreponerse frente a las dificultades; cualidad que le llevó a convertirse en brigadier junto con sus compañeros Arnaldo Tupiza y Antonio Constate.
Internamente en la Capitanía, el grupo de conscriptos y las autoridades realizaban actos sociales, uno de ellos fue la celebración del cumpleaños de un compañero de apellido Tello. En dichas ocasiones todos se ponían contentos, bailaban, cantaban y hacían música golpeando palos y cucharas contra la mesa y, además esta vez alguien consiguió “puro”, por lo que la fiesta se extendió hasta la media noche. De repente el instructor, el Suboficial Pascual de la Cruz ordenó: “dos conscriptos paso al frente”, entonces don Jorge junto con don Antonio Constante dan el paso sin saber lo que su superior iba a solicitarles y el Suboficial agrega: “se van y traen 5 gallinas”, a lo que don Jorge responde -“pero Suboficial dónde vamos a conseguir las gallinas”; -“¡¡Recluta, eso no se pregunta, ustedes tienen que hacer lo imposible, pero traen las gallinas!!”.
Foto por: Ana Mireya Guerrero G.
En ese tiempo el pueblo solo era unas cuantas casitas con un par de gallineros. Los dos conscriptos con un costal se pusieron en marcha y comenzaron la búsqueda de las gallinas, intentaron sustraerse las gallinas dos veces, la primera vez las gallinas empezaron a hacer tremenda bulla, la segunda un perro casi los muerde. “Realmente los dos flojos para conseguir las gallinas… lo que pasa es que no queríamos robar”, señala don Jorge. Mientras tanto sus compañeros continuaban en la fiestita. Don Jorge y don Antonio no sabían qué hacer, pues debían llevar las gallinas a como de lugar. En eso don Jorge se acuerda de las gallinas de la Capitanía y, sin que nadie les vea fueron gateando y sustrajeron las gallinas.
Uno de sus compañeros los esperaba en la cocina de leña de la Capitanía con tremenda olla para la preparación de las gallinas. Más tarde comenzó el zafarrancho, todos “come y come gallina”. El Suboficial apartó la gallina más grande y dijo “Suárez coja esta gallina y llévele a mi esposa”, y así lo hizo. La fiesta terminó como a las 4 de la mañana.
Al día siguiente todos se presentaron en el Pabellón y comenzaron a cantar el Himno, cuando Don Jorge alcanza a ver que la esposa del Suboficial se puso a contar las gallinas de su vivienda, tiraba maíz y silbaba para que así se acerquen y nuevamente contaba y recontaba y tiraba maíz y silbaba. Don Jorge y don Antonio se codeaban como diciendo “¿y ahora?”. Finalmente la señora se cansó de buscar las gallinas y llamó a un Sargento, don Jorge y don Antonio miraban desde la fila que algo le decía, luego el Sargento se acercó al Suboficial y le hizo un comentario.
Entonces el Suboficial ordena “¡¡Conscriptos, atención, firmes, y los dos un paso al frente!! Dan el paso al frente y les dice “¡¡Me van a decir de dónde trajeron las gallinas anoche par de reclutas!!” Ninguno de los dos se animaba a responder, y el Suboficial bravísimo con el yatagán en la mano repite “¡¡van a decir reclutas!! Don Jorge al ver que la cosa se ponía seria pide permiso para hablar y comenta “Ud. nos mandó a cumplir una misión y nosotros como buenos conscriptos hemos cumplido”. Don Jorge empezó a explicar que trataron de conseguir las gallinas, caminaron y buscaron por todo el pueblo pero les fue imposible porque jaurías de perros los perseguían a morder, las gallinas cacareaban sumamente fuerte, y bueno empezó a exagerar un poco todo el asunto para que el castigo del Suboficial no sea tan duro. Finalmente agregó que al no poder conseguir las gallinas en el pueblo tuvieron que dar media vuelta y regresar a la Capitanía y tomar las gallinas de una de las viviendas. El suboficial algo molesto pero sonriente gritó: “¡¡Reclutas, así que Uds. cogieron mis gallinas, todo el mundo a correr!! Les mantuvo corriendo unos diez minutos y luego les dijo que se marcharan. Después de todo al Suboficial también le causó risa lo que pasó con sus gallinas.
Publicado en el Periódico Quincenal El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la Primera edición de junio del 2006. Pág. 13.
Darío Rosero Atocha, Cuarto de Hora. Galápagos - Isla Isabela
Por ahí me contaron…
Texto y fotos por: Ana Mireya Guerrero G.
Darío Rosero A.
Foto: Ana Mireya Guerrero G.
¿Saben? en Isabela hay un caballero llamado Darío Rosero Atocha al que le apodan “Cuarto de Hora”, él realiza diversas actividades en dicha Isla… y la mayor parte de ellas están relacionadas con el mar. Darío no quiso hablar conmigo ni con mis huestes sobre el porqué de su apelativo y, comentó que ese secreto se lo llevará a la tumba, así que me vi obligada a dirigir mis inquietudes a sus amigos, conocidos, vecinos, parientes, etc. para ver si alguno de ellos podía revelarme alguna información… y, esto fue lo que obtuve:
Una de sus amigas me indicó que le dicen así porque constantemente cambia su estado de ánimo y su conversación.
Su sobrino comentó que le dicen como le dicen porque cada cuarto de hora cambia de opinión.
Un conocido suyo dijo que era el puñetero del pueblo y desde ahí quedó como “Cuarto de Hora”.
Una señora de la comunidad opina que “Cuarto de Hora” se debe a que él es un arrebatado y que uno al verlo comenta: “Ya mismo, ya mismo le coge el cuarto de hora”. Pero así como es arrebatado también es entusiasta cuando algo le agrada, señaló la misma señora.
Por ahí me contaron que le dicen así porque unos días con sus novias se porta muy bien, mientras que otros días no les hace el menor caso… entonces ellas no saben si le cogió el cuarto de hora o ya no son novias del susodicho por alguna razón que nadie sabe… solo él.
Por otro lado, el nombre “Cuarto de Hora” tiene algunas variaciones: “Cuarto” porque resulta más corto, “Cuartito o Cuartico” de cariño, en cambio cuando las personas se enojan con él, cambian el tono de voz y le dicen: “¡¡Cuarto!!”, y a veces agregan cualidades como: “fiero”, “rata”, “horrible”, etc. ¡Ah!, también derivado de “Cuarto de Hora” hay el “Cuarto de Horita”, pero éste apodo no le corresponde a Darío, sino a un niño pequeñito que vivía en Isabela, y, como admiraba y se llevaba muy bien con el “Cuarto”, decidió ponerse en honor suyo dicho apodo.
A ciencia cierta no sé por qué a Darío Rosero le dicen “Cuarto de Hora”, pues él insiste en que no se debe a ninguna de las afirmaciones arriba mencionadas… la cosa es que Darío es un loco, pero uno de esos locos geniales y disparatados, que tiene el cariño de todos o casi todos… excepto de algunas ex novias…. según dicen…
Darío Rosero A. "Cuarto de Hora"
Foto: Ana Mireya Guerrero G.
Publicado en el Periódico Mensual El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la edición de noviembre del 2005. Pág. 12.
domingo, 28 de marzo de 2010
Juan José Pilamunga. Galápagos - Isla Isabela
Texto y Fotos: Ana Mireya Guerrero G.*
Juan José Pilamunga es originario de la tierra de “Las Flores y Las Frutas” y un día de junio de 1951 arribó a la isla Isabela, explica que no vino por su voluntad sino que lo trajeron a causa de unos “buenos amigos” que tuvo en Ambato; esos amigos no eran de los buenos sino de los “famosos”. Conversando con varios pobladores de la localidad indicaron que don Pila, como le dicen cariñosamente, al igual que otras personas que permanecieron en
La primera obra que se le encargó a don Pilamunga, artesano y albañil de gran habilidad, fue la construcción de la capilla de piedra de
Don Pila construyó además un tanque de agua para Isabela, fue el primer tanque elevado que abasteció de agua al pueblo a través de tubería, se encuentra ubicado diagonal al Mercado y sus columnas con refacciones adicionales permitieron el establecimiento de la pequeña tienda que funciona en la actualidad: “Tienda el Pescadito”.
Juan José Pilamunga colaboró también en la construcción del muelle de
Si Ud. arriba a Isabela por el embarcadero, puede observar un gran monumento de piedra. Para muchos habitantes de
En
Estoy segura que Don Pila se integrará nuevamente a ciertas actividades artesanales y junto con su familia, Pilamunga Siguencia, sacarán adelante su finca.
Celso García León. Galápagos - Isla Isabela
Celso García León, nació en el año de 1949 en la isla San Cristóbal, desde temprana edad se dedicó a las actividades pesqueras… “Yo no tenía juguetes, y tampoco me gustaban, a mi me gustaba andar en las piedras… ir a pescar… Desde pequeñito la energía de los dioses del mar, me llevó hacia las aguas y así comencé a bucear y a pescar”. Indica que la vida de un pescador es sacrificada… toca ir bien en laCelso García León. Foto: Ana Mireya Guerrero G.
mañanita a coger carnada para los anzuelos, a veces en aguas heladas iguales a las aguas que bañan a los locos… Una vez que se ha recogido la carnada, empieza el proceso de la pesca y como hay que jalar y tirar del cordel, muchas veces las manos terminan hechas llagas. Celso considera que tanto la pesca como la agricultura, al ser actividades ancestrales, serán las que se mantengan en las islas Galápagos, ya que para él, el turismo es una actividad que a la larga traerá muchos problemas sociales y la destrucción de la naturaleza.
Cuando realizaba el servicio militar, él, junto a su amigo, el conscripto Miguel Freire, fueron seleccionados para asistir a un curso sobre naturaleza y ecología en la Estación Científica Charles Darwin, en la isla Santa Cruz. A partir de ese momento Celso se interesó mucho en temas relacionados al ambiente, y poco a poco fue involucrándose como guía con los turistas que arribaban a la isla. Desde hace diez años Celso García vive en la isla Isabela, se sintió atraído por la belleza de su naturaleza, pero también quería escapar de “la civilización” que empezó a desarrollarse en Santa Cruz con “muchos carros, mucho ruido y una energía muy acelerada que intoxica y presiona a los individuos”.
Mi primer encuentro con Celso fue en la playa de Isabela, al preguntarle sobre su nacimiento me contó que nació a veinte metros de la orilla del mar, a las tres de la mañana de un 4 de mayo bajo un cielo estrellado. Dibujó en la arena con la ayuda de un trozo de madera la forma y posición de las constelaciones que habían estado presentes durante su nacimiento. Fue muy grato escucharle conversar sobre astrología y otros aspectos. Celso siempre ha estado interesado en numerosos temas como el ambiente, la política, la genética, la filosofía, la eugenesia y la meditación, posee en su vivienda diversos libros sobre todos estos temas que los utiliza como fuente de consulta y análisis. Dice que ha aprendido mucho leyendo y frecuentando diversos tipos de personas… “He aprendido sin ir a la universidad… he aprendido de la naturaleza, de personas y libros… estoy agradecido… toda esa recopilación es la que está en mi cabeza, en mi alma y en mi espíritu”, agregó.
Con cara de pícaro y riéndose mucho, me conversó una de sus anécdotas: En una ocasión llegaron a Galápagos unos periodistas alemanes y Celso considerando que en muchas ocasiones ciertos periodistas “quieren hacer quedar mal al sector pesquero”… decidió jugarles una buena pasada y les engañó diciéndoles que en el continente asiático, allá en el Medio Oriente se preparó en guerra de guerrillas… y que él era uno de los más sanguinarios… “Imagínate” agrega “yo que ni siquiera conozco todo el Ecuador… voy a irme al Medio Oriente”. En fin, el artículo fue publicado en una revista que llegó a Galápagos, “unos amigos me la enseñaron y tradujeron lo que decía… todos nos reímos” indica.
Cuando pregunté a Celso cómo se define, respondió que es multifacético: “cuando me hostigo de guiar, me voy a cocinar porque también soy cocinero… cuando me hostigo de cocinar, me voy de Capitán o voy a ver a mis amigos ahí en las fincas, a ayudarles en la agricultura, o voy a pescar”
Celso es galapagueño, y para él ser galapagueño es amar a la tierra, querer el lugar donde uno está, ser amante de la naturaleza.
Foto: Ana Mireya Guerrero G.
* Investigación auspiciada por el Ministerio de Cultura del Ecuador.
Publicado en el Periódico Quincenal El Colono (Pto. Ayora – Galápagos), en la Primera edición de noviembre del 2009. Pág. 06.









